Los próceres de Honduras son figuras insoslayables en la historia de la construcción de la soberanía nacional, pero no por eso dejan de servir como fuentes de investigación y debate.

Entre grandes intelectuales y fieles defensores de sus ideales, fueron protagonistas de diferentes hechos trascendentales de la historia. Personajes a quienes, aún más en fechas como estas y otras venideras, se les atribuyen honores y homenajes.

Al conversar con el historiador y docente de la UNAH, Edgar Israel Soriano, quedó una pregunta sobre la mesa: ¿por qué ellos y no otros? O simplemente, ¿por qué tan pocos? Los mitos alrededor de la reconstrucción de los hechos existen, y es preciso analizarlos.

El panteón de la Patria es de Francisco Morazán, Dionisio de Herrera, José Trinidad Cabañas, José Cecilio del Valle, José Trinidad Reyes y el cacique Lempira. Cada uno, desde su vereda, en su tiempo y espacio, fueron protagonistas de un reconocimiento que se sigue heredando generación tras generación. Aquí el trasfondo.

Méritos y afinidades

“En términos generales, la construcción de los Estados nacionales siempre se ha visto relacionada con los mitos. Es más, los antiguos Estados también surgen de ahí; reyes y príncipes a caballo, venciendo en batalla. Pero en sociedades modernas, como la nuestra, este es un tema que ha generado polémica, sobre todo porque en las últimas décadas ha habido mucho aporte por parte de los historiadores para desmitificar el papel histórico de los personajes”, explicó el experto.

En esa línea, Soriano detalló que en Honduras hubo una narrativa liberal muy fuerte, a la que no le gustó ser cuestionada.

“La gran filosofía de la burguesía, sigue siendo el liberalismo. En ese contexto, en países pequeños como el nuestro, obviamente los personajes destacados tienen que ver con el tema de la Independencia, de las guerras. Y hay que considerar también a los reformadores liberales Marco Aurelio Soto y Ramón Rosa, quienes elevaron este panteón de la Patria”, explicó.

Durante el siglo XIX, hubo muchos otros ciudadanos que pudieron tener más méritos que otros, y que quizá no fueron tomados en cuenta, según mencionó Soriano.

“Por ejemplo, en el pleno contexto de 1821 e inicios de la Federación, se ubica una figura importantísima, la de Juan Antonio Márquez, que fue y sigue siendo relegada. En cambio, sí se reconoce a Dionisio de Herrera, que asume el liderazgo en Tegucigalpa en 1821 y que, luego del acuerdo de gobernabilidad en el contexto de la constituyente de la reforma liberal, es nombrado primer jefe de Estado”, expuso.

Lo anterior, más allá de un cuestionamiento a la persona y a sus logros, por supuesto válidos y significativos, deja en evidencia el punto central del historiador: son personajes que seguro merecen el lugar que tienen, pero quizá no sean los únicos que deberían estar allí.

Y, como el ejemplo lo evidencia, la afinidad política, y a veces hasta familiar, que claramente jugó y sigue jugando un rol fundamental entre una decisión y otra, tiene demasiado peso.

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En el caso del padre Reyes, el docente aseguró que se le podría comparar con muchos otros personajes que tuvieron perfiles afines.

“Era un intelectual que publicó una infinidad de textos de pastorela. Además, pariente de Ramón Rosa, por lo que muchos incluso se han atrevido a cuestionar que hubo un tanto de favoritismo al respecto. Por supuesto, fue el fundador y primer rector de lo que hoy es la Universidad Nacional. No digo que no tenga méritos, pero otros también los tienen”, apuntó.

Referencia

Soriano hizo mención en Rodolfo Pastor Fasquelle, autor de “¿Quién engendró la patria?”. “Él cuestiona bastante el papel de Cabañas en relación a otras figuras como la de Santos Guardiola. Si bien el primero fue un fiel soldado de Morazán, este otro (que era enemigo de Cabañas y lo derrocó en 1855), termina de vencer a William Walker, el filibustero, y logra que La Mosquitia e Islas de la Bahía regresen a Honduras, lo cual podría haber sido digno de un lugar en el panteón de la Patria”.

Por su parte, Lempira fue el último en sumarse a este grupo del reconocimiento, producto de la revolución mexicana de 1910 y del indigenismo que luego se generalizó en la década del 20.

Y en 1927, cuando se generó la discusión sobre cómo llamarle a la nueva moneda, si Lempira o Morazán, el primero ganó por mayoría de votos. Esto ejemplifica que su exaltación fue producto de un puje regional alrededor de valorizar ese pasado indígena.

“El Estado pasó a llamarlo el primer defensor de la soberanía, petrificando el discurso de soberanía alrededor de una narrativa territorial. Lempira defendió los intereses de su pueblo, la coalición de poblaciones indígenas que él lideró para enfrentar a las tropas españolas era una rebelión por defensa de su tierra, su cultura y sus derechos como aborígenes del espacio territorial, no de Honduras como Estado. Son cosas muy diferentes”, señaló Soriano.

Por último, el historiador concordó con el hecho de que José Cecilio del Valle y Francisco Morazán ocupen un lugar importante en la construcción y reconstrucción de la historia de la soberanía nacional.

Valle, por su parte, un filósofo, político, abogado y periodista que escribió sobre matemáticas, filosofía, geografía, historia, botánica, mineralogía, religión y derecho. “Sin duda uno de los más grandes intelectuales de su tiempo”.

Mientras que en el caso de Morazán, “es una figura insoslayable en la historia no solo de Honduras, sino también de Centroamérica. Es como muy difícil decir ‘no pueden estar allí’, por todo lo que representan”.

En resumen, no es que estén mal elegidos los personajes que descansan en el panteón de la Patria, lo que sí podría ser cuestionable es por qué se obvió a otros. O, en sí, que ese panteón pudo ser un poco más grande. “Los liberales lo eligieron así porque sin duda había sesgo, rivalidades y enemistades políticas, y eso evidentemente sucede”, añadió.

A Francisco Morazán, Dionisio de Herrera, José Trinidad Cabañas, José Cecilio del Valle, José Trinidad Reyes y el cacique Lempira por supuesto que es consecuente reconocerles y agradecerles. “El tema es saber ubicarlos en una narrativa mucho más sólida en términos históricos, más allá del mito”, concluyó Soriano.